10 de junio de 2010

Lobo

Cuando eres un guerrero y la fuerza te envuelve, cuando empuñas espada y blandes escudo y lo haces de manera extraordinaria, nadie puede seguirte.

Con el fuego en la espalda, todos sabemos correr, sí. Pero… cuando la vida nos empuja y a cada segundo intenta robarnos el aliento, siempre hay alguien que quiere más, alguien que puede más. A esos, pocos pueden seguirles. Cuando hay alguien que no se conforma, que lucha, se revuelve, se gira y grita entonces el resto se tapa los ojos y oídos. Dudan. Porque es mala cosa la de tener un lobo cogido por las orejas, digamos que no sabes como soltarlo, ni como continuar aguantándolo.



Pero cuando todo eso pasa, sólo quedan los instantes, los momentos y las emociones de acariciar su pelaje al calor de la hoguera.

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