17 de noviembre de 2009

Triste Historia

Existe un lugar remoto en el que sus habitantes no beben agua porque un día uno de ellos se ahogó. Con el tiempo, la deshidratación se convirtió en pandemia. No hay cultivos de regadío, lo que limita sus despensas, ni fuentes que den un toque musical al lugar. El río lo desviaron mil kilómetros más allá. Cegaron las tuberías en el sitio donde siempre hubo grifos. Decir la palabra “agua” es nombrar al diablo. Y así hasta mil órdenes incongruentes que nada tienen que ver con el desarrollo normal de la vida.

Construyeron un búnker donde todo el pueblo, todo, se refugiaba los días de lluvia. Que una gota de agua tocara los labios o mojara el cuerpo, era pecado mortal.
Naturalmente que hubo desertores, condenados para siempre a vivir lejos de allí porque los que habían aceptado esa religión seca se convirtieron en extremistas de la causa y bajo ningún concepto permitían disidencias.

Poco a poco el aislamiento del pueblo provocó su desaparición total del atlas y se convirtió en un desolado fortín.


Por favor, ¿alguien puede ponerle un final feliz a esta triste historia?

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