9 de enero de 2011

Leyes


Autoritarismo. Prohibición. Falsa libertad. Engaño. Falsa democracia. ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Sumisión? ¿Miedo? ¿Conformismo? ¿Silencio? …
En primer lugar, este “evento” va dirigido tanto a fumadores, como no fumadores. Sin ningún ánimo de enfrentar a estos. No podemos dejar que esta nueva ley; impuesta con la única intención de desviar nuestra atención de los verdaderos y evidentes problemas que sufrimos a día de hoy, enfrente al pueblo, por algo tan personal como la salud de uno mismo, cada cual responsable de la misma.
Es evidente que el fumar es perjudicial para la salud de uno mismo, después de años inundándonos de información (publicidad, buena o mala, pero publicidad). Intentando inculcarnos una idea contradictoria, sobre un producto que los de arriba nos facilitan, creando adictos y a su vez un sueldo fijo para este, nuestro gobierno, que a pesar de lo nocivo, peligroso y adictivo que dicen es, permiten la venta y el consumo de esta, a su libre albedrío. Desde niños, movidos por la curiosidad de probar aquello de lo que todos tanto hablan, jóvenes con hábitos difíciles de superar, hasta adultos presos de una dependencia de una droga que no pueden dejar. Vivimos en una realidad engañosa que nos ofrece una libertad totalmente limitada. Nuestra opinión, esta guiada por la información tergiversada que nuestros magníficos y leales políticos, nos proporcionan, modificada a sus anchas para su exclusivo beneficio. Despistándonos, desviando nuestra atención de los verdaderos problemas de la actualidad, como el paro, la mala gestión, la inmigración irregular y una muy pobre educación.
Las leyes no se pueden imponer, se deben proponer. Lo intentaron con la antigua ley en 2005, la cual obligo a reformar cientos de bares, habilitando zonas para fumadores y dando la opción de poder o no poder fumar, quizás pensando que daría resultado y los hosteleros optarían por la opción sana, que democráticamente nuestro gobierno nos propuso… Dado el fracaso de la propuesta, y el compromiso con nuestros colegas de la Unión Europea, en un afán desesperado de mejorar intentando imitar a las grandes potencias Europeas, que nada tienen que ver con la nuestra, como Alemania, o Inglaterra. Países con una educación envidiable, con unos valores muy positivos de constancia y trabajo, de los que mucho nos queda por aprender.
Han creado una nueva versión del opio para el pueblo. Sin embargo ésta no es una ley contra el tabaco, es una ley anti-fumadores y por tanto es posible reconocer un importante carácter autoritario en este gobierno que ya ha olvidado aquellas funciones tan saludables del Estado consistentes en la información y la formación ciudadana, trasmitiendo un mensaje muy educativo y muy típico: mejor prohibir que educar, es más barato y se consiguen mayores ingresos. Mientras nada hacen en otras áreas nocivas como la contaminación química y electromagnética a todos los niveles. Así Como el alcohol, otra de nuestras drogas legales, que arruina cada año la vida de cientos de personas, tantas o más que con el tabaco.
Lo que intento decir con todo esto, es que debemos ver el verdadero culpable del problema, aquellos que prohíben, juzgan y administran nuestra libertad como les viene en gana. Vamos de mal en peor y parece no importarle a nadie. El pueblo debe estar unido, dejar a un lado sus diferencias, y plantar cara al poder, defender nuestros derechos, así como la libertad, que cada día nos arrebatan, como a un caramelo a un niño.
Suerte.

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